miércoles, 12 de octubre de 2011

Día Patrio


Voy a estrenarme en el blog desde Beirut en un día tan señalado como hoy, santo de Pili.
La verdad que cuando me fui a inscribir la semana pasada a la embajada y me dieron la invitación a una recepción me dije: ¨vamos a integrarnos en la comunidad¨. 

Yo venía de Afganistán, y claro, allí conocí a la cónsul y agregados militares, muy campechanos y como una gran familia me acogieron. 

Lo que yo no me daba cuenta es que Beirut es una ciudad del mediterráneo, con una gran comunidad expatriada, con una posición estratégica en el medio oriente y ni que decir de la actividad económica fenicia que hay. 
Para empezar había un atasco monumental para acceder y miles de coches oficiales con toda la comparsa del caso (guardias de seguridad, uniformados y trajeados, de todos los gustos y colores). Yo me bajé de un taxi y me puse a la cola, puesto que nos recibía el embajador con su esposa, cónsul, agregado y demás familia... hasta seis o siete personas recibiendo a toda la tropa (mucha tropa literal, pues como ya dije antes teníamos desde cascos azules, guardias civiles, marina,... más todo lo que no supe identificar). Yo me presenté como la nueva delegada del Comité Internacional de la Cruz Roja, recién llegada y muy amablemente me recibieron todos. Muchas cámaras de reporteros también.
A todas estas, se me olvidó empezar por decir que la recepción era en el jardín del palacio Chéhab, sede de la embajada española. Os lo podeis imaginar lo que eso...

Pues lo que yo me imaginé como una fiesta en ¨pètit comité¨ era una gran recepción, con la gente muy engalanada, varias aspirantes a duquesas de Alba, por lo que a las facciones se refiere, y muchos puestitos de comidas y bebidas, algunos de ellos patrocinados por marcas bien conocidas como Cuétara, La Piara... productos ambos que he visto en los supermercados que he visitado, vino de Ribera del Duero totalmente desconocido y uno libanés, que dicho sea de paso me gustó más que el patrio (lo siento por el ribereño).

Cuando por fin los anfitriones pudieron zafarse de las salutaciones, porque aún seguían llegando coches y gente, sonó música seguida por el himno nacional y un pequeño discurso en todos los idiomas, incluída una frasecita en español, para agradecer la presencia de todos. Aplausos y cada uno a seguir comiendo hasta que... ups, empezaron a caer gotas y de repente se vino una tormenta... la gente empezó a salir hacia sus coches y la señora embajadora orientó a muchos hacia la sala de música. Yo esa parte me la perdí, porque había pedido un taxi y con el panorama que veía, mejor iba a su encuentro o no salía de allí nunca. Menos mal que se me ocurrió pedir que me recogiera en una universidad cercana, en lugar de allí mismo, porque nunca hubiera podido llegar ni yo encontrarlo.

Pues así como os lo cuento, he llegado a casa, con las cuñas de esparto caladas (mañana veremos si se recuperan o con esta dan por finalizada su existencia), mi vestidito de lino negro (Little black dress or ¨LBD¨, como mi hermana Elena ayer me enseñó que se llaman estas piezas básicas de fondo de armario...), chal a juego con abanico, y el rimel todo corrido a contaroslo a todos.

No he hablado más que dos cortesías con dos personas, no me he encontrado a Maruja Torres y desde luego que todavía me queda quitarme la cara de llorona maltratada que tengo antes de meterme a dormir.

No llevé la cámara tampoco y el móvil androide tiene cámara pero ni el contenido ni la calidad merecen la pena; he hecho una búsqueda del palacio y de la embajada, pero tampoco he encontrado nada que muestre la realidad del evento (salvo por una que muestra al embajador con la tuna de derecho de Valladolid, que a saber de cuando es, pero el embajador siquiera era el mismo).
Con todo esto os cuento que ya estoy en mi nueva misión, que todo pinta muy bien, y que espero irlo contando a través de este espacio que hoy estoy tratando de retomar.
Mis felicitaciones a Pili por su santo.

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