Llevo desde el lunes de vacaciones musulmanas, el segundo Eid que le llaman.
He hecho algunas fotos en el jardín de casa, pero parecen demasiado pesadas para enviarlas o subirlas al blog. Seguiré intentándolo…
Se me han ido los días sin enterarme. Quería haber escrito algo para el blog en francés también pero lo he ido dejando y no sé si hoy me saldrá ya algo.
Hemos tenido un par de terremotos de pequeña escala, pero que me sacaron de la cama un par de veces. En este ambiente no sabes si es un cohete que haya reventado cerca o un movimiento de tierra, con lo que salté de la cama (esto la primera noche, que fue el más fuerte) me tapé un poco y salí a ver a los guardas. Eran las 5.15 a.m. y ellos ya estaban levantados para sus rezos, con lo que cuando aparecí despelurciada y en pijama debieron alucinar. Me dijeron que era un terremoto y me quedé tranquila. Al día siguiente duró menos, con lo que cuando estaba pensando en el frío que pasaría según saliera de debajo del edredón, se detuvo… con lo que me di media vuelta y continué durmiendo. Yo misma he alucinado con mis reacciones y lo fácil que me resultó volver a dormir. Pero aquí todo se siente distinto.
Jalalabad ha estado en las noticias varios días pero nuestras actividades no se vieron afectadas. Extremamos la restricción de movimientos, si cabe, monitoreamos la atención de heridos, devolvemos cadáveres a los familiares, pero sin alterar nada. No digo que sean rutinas, pero si cosas esperables.
He cocinado varias veces, un potajito de patatas y judías por aquí, una tortilla por allá, un pisto con toque de jengibre… he comido muchísimo y lo noto en toda la ropa.
Mañana empezaremos de nuevo a trabajar, a ver si desbloqueo algunos contactos que necesito para poder avanzar algunas cosas, que si no estoy un poco maniatada y frustrada dando largas a la gente, que no me gusta.