sábado, 14 de enero de 2012

Todos necesitamos rutina

No sé como irá la gente manejando el comienzo del año, algunos con esos nuevos propósitos que todos alguna vez nos empeñamos en plantearnos, pero que realmente, dudo mucho que nadie ponga en práctica. Yo ya este año decidí que mi propuesta es no tener ninguna.
Para mí es importante recuperar mi rutina, y eso no depende muchas veces sólo de nosotros, sino de lo que tenemos alrededor. He sido afortunada y los dioses, constelaciones o lo que sea, hicieron posible que me mandaran otra enfermera desde Ginebra para hacerse cargo del seguimiento de los heridos sirios. Llegó hace una semana y he pasado los últimos cinco días con ella -hasta que me pillé un virus que me ha dejado KO 24 hs, pero eso es otra historia-, con lo que la semana que viene regresaré a mi rutina de trabajo.
Tener una rutina no es sinónimo de aburrimiento, ni de ser cabezas cuadradas. Tener rutina es la pauta que me conduce, de forma organizada, que me da cierta disciplina para no dejarme llevar por el tedioso y lúgubre ambiente que muchas veces nos rodea. Sin ella me dejaría encerrada en mi apartamento, enganchada con un libro, una película, tejiendo o simplemente navegando por internet a lo tonto, sintiendo que los días se pasan en balde.
Las rutinas también deben de ser flexibles y que nadie se fustigue porque alguna vez se abandone. Si hay que saltarse una clase porque justo ese día te invitaron a algo, pues no pasa nada, pero sabiendo que la siguiente vas a estar allí.
Sino es cuando uno se vuelve previsible como Kant, y tampoco hace falta que nuestros pasos definan las horas.