Supongo que hoy es un día para mandar un mensaje de forma urgente para deciros a todos que estoy bien.
Anoche cuando estaba por meterme a dormir sentí como las ventanas temblaban y cuando me quise dar cuenta toda mi habitación estaba en danza. Hubo un terremoto en una provincia próxima que se dejó sentir por estas latitudes. Dormí como un tronco después de comprobar que no estaba bajo ningún efecto alucinógeno y que los otros compañeros sintieron el terremoto como yo.
Esta mañana el teléfono comenzó a sonar pronto. Jalalabad es una de las ciudades más sensibles a ataques de insurgentes que se oponen al desarrollo de las elecciones al parlamento de forma tranquila. Los hospitales me informaban de su estado de alerta y sus planes de contingencia.
Ya hemos oído explosiones cerca y estamos en contacto para monitorear la situación pero afortunadamente parece que no hay heridos.
En la zona rural también se están dando caña, veremos las noticias que nos llegan.
Estamos recluidos, hibernando que se dice, con los movimientos restringidos.
A pesar de todo el ambiente tenso por las elecciones yo vivo la más absoluta rutina puesto que el hibernar significa lo mismo que vengo haciendo desde hace varias semanas, moverme sólo entre la casa y la oficina.
Todos estamos bien y tranquilos, esperando que pase el chaparrón…os cuento más cuando escampe.
Anécdotas de la semana: fui a hacerme el visado al consulado pakistaní porque seguramente me toque viajar a Peshawar pronto. El cónsul me hizo la entrevista rutinaria y al día siguiente me llamó por teléfono para preguntarme si había recibido ya el visado, que había sido un placer conocerme y bla,bla, bla... Que fuera a las 12am y que yo estuviera en mi primer sueño es digno de mencionar. Como os podéis imaginar las bromas de mis compañeros son desde entonces todas a costa del cónsul pakistaní y de sus llamadas nocturnas.
Otra de esta semana me pasó visitando el hospital de Asadabad. Me invitaron a un acto de entrega de un premio al responsable de salud provincial y por supuesto, todos los invitados eran hombres. En medio de todos los discursos (de los que yo no me enteraba de nada por ser en pastun…) se pusieron a recitar el Coran. No sé si será correcto decir que participé tangencialmente por ser mujer y por no ser musulmana. Pero os puedo asegurar que fue un momento muy especial. No por lo religioso ni poderoso del momento, sino por el profundo respeto mutuo.
Voy a ver si cocino algo, vemos una película y mañana será otro día.
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